DECLARACION
Cuarto poder del Estado, constructores de imagen, asesores de contenido, reporteros, investigadores.
Muchas han sido las acepciones para el ejercicio del periodismo. Pero pocas han sido las consideraciones hacia los profesionales que existen tras cada periodista.
Esta semana asistimos a otro atropello laboral. Al de un periodista, un reportero sin oficina, sin teléfono fijo, sin contrato, que no obstante todas las dificultades impuestas, desempeñaba su labor en forma muy destacada.
Nueve años al servicio de un medio de comunicación con tradición y prestigio no fueron suficientes para asegurar la fuente laboral.
Radio Cooperativa explica la medida como una decisión editorial.
Entonces emergen las dudas, cómo es posible que una empresa comunicacional de tal envergadura disponga para la Quinta Región el tener durante nueve años a un periodista del mejor nivel, trabajando sin sueldo base, sin contrato, remunerando sus servicios por volumen de despachos radiales generados.
Se trata de un sistema laboral perverso que por casi una década mantuvo a un trabajador laborando siete días a la semana, ofreciendo objetables arreglos para optar a días de descanso o seudo vacaciones. Un escuálido vínculo laboral de honorarios, sin previsión ni salud.
Esta misiva es una expresión de repudio, indignación y perplejidad ante la medida adoptada por Radio Cooperativa, que con setenta años de existencia mantiene políticas laborales míseras de sueldos bajos y condiciones de trabajo de fantasía.
Una situación que en la Quinta Región asoma ribetes vergonzosos ya que desata la fórmula de una empresa que descansa en el patrimonio de todos los chilenos promoviendo que uno de sus reporteros opere en dependencias del Congreso Nacional ahorrando con ello arriendo de oficina, secretaria, teléfono, fax y otros.
No obstante lo anterior, Radio Cooperativa, así como lo proclama su slogan fue “más allá” y definió el despido de Alejandro Ruz.
Sus desvelos, vigilias, entrevistas y golpes periodísticos de nueve años han sido borrados del mapa radial de Cooperativa.
No habrá indemnización ni finiquito, no habrá despedida de compañeros. Fue un último día de trabajo, levantando la grabadora, captando una cuña, despachando la nota.
Al menos quedó dignidad en el periodista expulsado.
Dirigida al Ministro del Trabajo y Previsión Social, Valparaíso, 17 de marzo de 2006.
Firmada por 51 periodistas y camarógrafos.
Cuando uno se entera de estos hechos NO se puede quedar de manos cruzadas, pues esto que hoy le ocurre a un colega, lamentablemente NO es nada nuevo bajo el sol. Si no que por el contrario, es una práctica que está ocurriendo cotidianamente en nuestros medios de comunicación: inseguridad laboral y atropellos a la dignidad de las personas.
Además, cuando uno piensa, como educadora y formadora de nuevos periodistas, se da cuenta que les estamos "vendiendo ilusiones", pues la realidad es bastante funesta. En el presente hay muy pocos trabajos dignos y pueden pasar años para encontrar un sitio más o menos decente.
A qué sociedad de la igualdad de derechos estamos asistiendo cuando después de estudiar, y más encima endeudarse con la universidad, es casi imposible encontrar un trabajo para vivir dignamente y poder satisfacer las necesidades más básicas: salud, alimentación y protección social. ¡Mañana puedes ser tú!
¡Basta ya!
P.D. ¡Pásala!